El legado de Manuel Quintana

Pocos negocios puertorriqueños logran sobrevivir cuatro generaciones. Quintana Hermanos, quien contaba a Manuel Quintana como uno de sus baluartes, es uno de esos pocos.

Se fundó en 1908. Manuel conocía de la experiencia comercial de sus parientes desde que era un infante creciendo en España en medio de la Guerra Civil. En 1938, al finalizar la guerra, emigra a Puerto Rico y comienza a trabajar con la empresa familiar. Tal parece que el destino le prometía mayores retos pues en 1942, apenas
cuatro años después de abandonar los campos de batalla en España, Puerto Rico se encuentra en medio de un bloqueo por los submarinos alemanes y la importación de sus productos principales, habichuelas secas y bacalao salado españoles, se ven afectados. Y, como si fuera poco, el gobierno federal (y el local) imponen controles sobre el precio de venta de estos productos.

Y fin y al aposte, acaba la guerra y Manuel le compra la empresa a sus hermanos. Ocurrió algo similar cuando su hijo José, quien operaba Quintana Hermanos junto a su papá, les
compra las acciones a sus hermanos.

El legado de Manuel Quintana vas más allá de su contribución al desarrollo de la industria alimenticia. Tres de sus cuatro hijos decidieron quedarse en Puerto Rico, uno de ellos el monseñor Carlos Quintana, al igual que muchos de sus seis nietos.

¡Extrañaremos a este gran empresario!