Las noticias sobre las finanzas de la Universidad de Puerto Rico no son nada alentadoras. El Estado de Ingresos y Gastos a junio 30 de 2020 muestra un déficit acumulado de $2,372 millones.
Los retos son muchos, entre los que se encuentran la casi inexistente diversificación de ingresos, una burocracia asfixiante, una reducción marcada en el número de estudiantes y una crasa ausencia de liderazgo y visión de las pasadas administraciones, presidentes y Junta de Gobierno.
Ante estos retos, y otros tantos, la respuesta de los líderes administrativos siempre es la misma. “Pidámosle más fondos al gobierno”, claman algunos. Otros prefieren el seguro advenir de las huelgas
estudiantiles que resulta cada vez que se trastocan los costos de la matrícula.
La UPR perdió una gran oportunidad de lograr diversificar sus ingresos, aumentar los proyectos de investigación y desarrollo, crear un fondo de capital de riesgo, unir esfuerzos con las multinacionales establecidas en la isla, y crear un lazo con una de las más prestigiosas de la nación.
Para ese entonces, el rector de Georgia Tech era el puertorriqueño Rafael Bras, y su interés era establecer estos vínculos permanentes entre ambas instituciones.
Para ello, se creó un comité para estudiar la implementación de esta visión el cual desarrolló un plan detallado. Justo cuando se iba a implementar, hubo un cambio en el gobierno, y todo se fue a pique.