Desde épocas de antaño, los habitantes del Caribe tenían conocimiento de los huracanes. De hecho, según expertos, la palabra huracán proviene del idioma taíno. Mientras ellos se preparaban para este evento atmosférico guardando sus canoas y sus provisiones alimenticias, nosotros nos preparamos (o tratamos de hacerlo) con los avances tecnológicos de siglo XXI. Por ende, deberíamos estar más preparados que nuestros antecesores taínos. ¿Lo estamos?

A cinco años del huracán María, que devastó nuestra isla, nos azotó Fiona, otro de mucho menor categoría, aunque superior en la cantidad de lluvia que nos dejó. Dado lo aprendido durante la reconstrucción de los daños causados por María, los billones en asistencia federal, y la privatización del sistema de transmisión y distribución de la energía eléctrica, uno pensaría que estábamos listos para enfrentar eventos similares, pero no fue así.

Tras el paso de Fiona, la isla quedó en penumbras. Hubo inundaciones, pérdidas de hogares, y por supuesto, no faltaba que también se nos fuera el servicio de la AAA. Ellos nos indicaban que, entre la turbidez del agua de los embalses y la ausencia de energía eléctrica, no había manera de proveer este servicio. Para el colmo de males, añaden que los generadores que tenían en caso de catástrofes, como esta, no estaban en servicio.

Quizás es hora de repasar nuestros libros de historia y aprender de nuestros indios taínos.