Hace poco el gobernador Ricardo Rosselló anunció con “bombos y platillos” que la Universidad de Puerto Rico ofrecería clases gratuitas por Internet. Así, una universidad que está en una situación fiscal precaria, y que tampoco cuenta con los billones prometidos de la administración Trump, se propone hacer estas regalías.
El Plan Fiscal del 2018 detalla el uso proyectado de los $94.4 billones que están atascados entre las pugnas congresionales y que, como cosas de locos, están afectando a muchos de los agricultores de estados devastados por otros huracanes y que esperan con ansias esas ayudas.
Según el plan, $31.1 billones estarían asignados a reconstruir las viviendas destruidas por el huracán, $17.8 para la reconstrucción del sistema eléctrico, $14.9 para fortalecer el sistema de salud y el remanente para proyectos no detallados.
Por otro lado, se proyectan ahorros de $221.3 millones al reducir las aportaciones a la UPR. Cuando Georgia Tech comenzó su programa graduado de carreras por Internet, rompió el esquema de las tarifas acostumbradas de alrededor de $60,000 anuales y ofreció la carrera completa por $6,000. Otras universidades han seguido este liderazgo y han reducido sustancialmente sus tarifas.
Sin embargo, todas cobran por sus servicios y no están en la situación financiera en que se encuentra la UPR.
¿No deberíamos repensar cómo encaminamos a nuestra universidad?