Esta Navidad decidí decirle adiós al coquito, el arroz con gandules, las morcillas, el tembleque y las demás costumbres que distinguen nuestras navidades para pasarla con mis familiares en Estados Unidos.
Allí vi cómo se transformaron nuestras costumbres, pues aun estando lejos de nuestra islita, algunas nunca se olvidan.
No cabe duda de que en los sitios que visité, el frío arropa. La Navidad conlleva ropa de invierno y chocolate caliente en el desayuno (o a cualquier hora). Encontré lugares hermosos para caminar y calentarnos mientras hacíamos ejercicios. Las aceras eran tan amplias que dos o más personas podían caminar sin tropezarse, diseños que hace tiempo se deberían haber implantado en nuestra planificación.
Por otro lado, la cantidad de árboles, aun en la ciudad, era impresionante, por lo que caminar entre ellos parecía estar en un bosque rural. Esto es otro modelo de planificación que deberíamos emular.
Pero volvamos a las comidas. No cabe duda de que algunos de los platos típicos tales como los ya mencionados son difíciles de conseguir. Sin embargo, por lo menos en nuestra familia, no faltaba el coquito, en especial el que produjo El Barrilito para estas fiestas.
Muchos de mis familiares, como los de otras familias puertorriqueñas, viven fuera de la isla. Por ende, no nos vemos con frecuencia. La Navidad provee una excelente excusa para compartir en este ambiente de paz y felicidad.