Algunos los desechamos, otros lo borran de sus páginas electrónicas y, para algunos pocos, nunca les ha hecho falta. Me refiero, por supuesto, al calendario que algunas familias muestran con fotos icónicas de actividades familiares y en los negocios con anuncios de todo tipo.
Al terminar este año, no solo nos despejamos del calendario, sino que, por otro lado, soñamos con la oportunidad de lograr metas que quedaron en el olvido y en las listas que solemos hacer y que luego engavetamos.
Y, ¿cuáles podrían conformar nuestra lista para este próximo año?
A nivel de país, sugiero, por lo menos, estas dos. La primera, tal como lo han sugerido un sinnúmero de profesionales, es crear un plan de país. Demás está decir que aquí sobra el talento para lograr este cometido. Lo que necesitamos es un líder (o múltiples líderes) capaz de articularlo y asistir en su implementación.
Segundo, necesitamos mayor transparencia con el uso de los fondos de Santa Washington. Dado que este dinero viene con el objetivo de mejorar a nuestro país, no hay excusa para dejar a los ciudadanos en babia con relación a su uso. Y eso, muchos opinan, es lo que está sucediendo.
Si logramos tan siquiera estos dos objetivos durante el 2023, le dejaremos un transcendental legado a futuras generaciones, y un incentivo para quedarse aquí.