Tal parece que el deporte de Pickleball está de moda tanto en Estados Unidos como aquí. Para los que no lo conozcan, muchos lo denominan una especie de tenis.

La semana pasada, las canchas de Torrimar en Guaynabo estaban abarrotadas con jugadores de este deporte. El fin de semana contaba con un torneo en donde participaron personas de todas las edades. De verdad que inspiraba ver que en la misma cancha competían personas que no sobrepasaban los 25 años con otras que les llevaban por lo menos cuatro décadas. ¡Y como si fuera poco, los mayorcitos les ganaron a los jovencitos!

Sin embargo, el ambiente que permeaba no era uno de competencia, sino de confraternización. Vi cómo los “no tan jóvenes” que ganaron el partido se les acercaban a los que pudieran haber sido sus nietos para darles unas “orejitas” para que así mejoraran su juego.

Había personas de todas las clases políticas y de todos los niveles sociales. Sin embargo, en la cancha de Pickleball no existía diferencia alguna. Por el contrario, se fortalecían lazos de amistad. Ante los retos económicos y sociales que encontramos aquí, añadidos a los reportajes de guerra y violencia, es refrescante ver cuántos participan y disfrutan de esta actividad familiar que mitiga estos entornos.

Deberíamos promover actividades similares con mayor ímpetu. Nos ayudaría a sobrepasar los retos que a diario enfrentamos.