Un plan para trazar el desarrollo económico y social sostenido y a largo plazo de Puerto Rico debe incluir —por lo menos— estos tres elementos: educación, infraestructura y comunicación.
La Universidad de Puerto Rico (UPR) debería ser una de las piedras angulares de cualquier plan. Debería servir para poner a Puerto Rico en el mapa como una de las mejores instituciones educativas de Estados Unidos. Debería poder atraer los mejores estudiantes, tanto de Estados Unidos como de América Latina. Debería tener un programa de desarrollo e investigación de primera y con los recursos económicos para llevar al mercado (con éxito) muchas de las iniciativas que se generan en esta institución.
Además, la UPR debería colaborar con instituciones educativas en Estados Unidos, con fondos de capital de riesgo, y con farmacéuticas y demás compañías de manufactura establecidas en la isla.
Para que estos sueños tengan la posibilidad de hacerse realidad, hace falta (entre otras cositas), inyectar más dinero a la UPR y despolitizarla.
¡No se puede estar cambiando a la junta de síndicos, al presidente y a los decanos cada vez que hay cambios gubernamentales!
Por ende, hacen falta cambios dramáticos en su liderazgo. Estos deberán ser responsables, entre otras cosas, de reducir de manera dramática la dependencia de los fondos públicos que hacen falta en la actualidad para su operación y sostenibilidad.
Excluir a la UPR de cualquier proceso o iniciativa dirigida a trazar un plan de país sería un error garrafal.