¿Dónde está mi salvavidas?

La semana pasada llovió “a cántaros” en Puerto Rico. Esto de por sí no es noticia. Todos los que vivimos en la isla sabemos que en muchas ocasiones esto ocurre sin ningún percance. Sin embargo, esto no fue lo que les pasó a muchos vehículos (y a sus pasajeros) que transitaban nuestras calles.

Jan recorría una calle que bordeaba la quebrada Margarita que colinda entre los municipios de San Juan y Guaynabo. Había oído las alertas en la radio que notificaban las posibilidades de inundaciones en el área, pero pensaba que tenía tiempo para llegar a su hogar, mas no fue así. En menos de lo que “canta un gallo”, las escorrentías (y la ausencia de mantenimiento en las calles y la quebrada) causaron una olla como las que se ven en las películas e inundó no solo el automóvil de Jan, sino también los que le seguían. Por suerte ninguno sufrió heridas, pero los carros terminaron como chatarra.

Lo mismo ocurrió con los carros estacionados en las cercanías.

Inundaciones como las que presenciamos la semana pasada son prevenibles. Con un poco de sudor, las alcantarillas se pueden destapar. Las quebradas se pueden limpiar de los escombros que, en muchos casos, aparecen misteriosamente.

Es imperdonable que no haya un programa de mantenimiento para que no ocurran eventos como estos.

¿Están prestando atención alcaldes? Las elecciones se avecinan.