Natalia, una recién graduada de ingeniería civil del Recinto Universitario de Mayagüez, se encuentra en Austin, Texas. Allí la acompaña no solo un gran número de su clase graduanda, sino también egresados de otras clases. Lo interesante de esta emigración es el éxito que tienen allá, lo cual es indicativo de las pocas probabilidades de que regresen.
Los economistas han proyectado una disminución en la población de nuestra isla. Sin embargo, uno de los elementos más significativos es que la emigración nos ha dejado con una población envejeciente. Esta, a su vez, no solo requiere más de los beneficios que ofrece el gobierno, sino que usa con más frecuencia los sistemas de salud.
Ante esta encrucijada, y la nefasta quiebra que nos arropa, ¿qué podemos ofrecerle a nuestra juventud para que consideren quedarse en Puerto Rico?
La lista de recomendaciones es extensa, pero hay una que sobresale del montón: la necesidad de tener una universidad pública que compita a nivel mundial.
En estos momentos se está debatiendo el nombramiento del presidente de la UPR. De todos los candidatos a considerarse, ninguno, a excepción de los pasados presidentes, tiene experiencia manejando un presupuesto billonario y un resumé que muestre que tiene la preparación para llevar a la UPR a competir con las mejores universidades del hemisferio.
¡Tenemos un reto y una oportunidad en esta coyuntura! No deberíamos desperdiciarla.