Desde Santiago de Cuba (I)

El viaje de Miami a Santiago de Cuba en American Airlines toma alrededor de 75 minutos. En esos 75 minutos se transformó mi entorno.

Al llegar al aeropuerto de Santiago, nos bajamos en la pista de aterrizaje. Caminamos al único edificio que nos recibió. Aunque construido hace cerca de dos décadas, esta caminata y los alrededores más bien nos recordaban las historias de nuestros papás o abuelos cuando hacían travesías similares.

Llegamos al hotel Meliá y estábamos listos para explorar la ciudad. Nos montamos en un taxi para comenzar nuestro recorrido. Cuando le pedimos al taxista que nos llevara a otra parte de la ciudad, indicó que tenía que llenar el tanque de combustible.

“¿Cuán complicado es llenar el tanque de su auto?”, nos preguntábamos. Roberto, el taxista, explicó que tenía que ir a una gasolinera designada que quedaba a media hora. Luego tenía que hacer una fila que podía tomar varias horas, para luego regresar a Santiago. Así fue nuestra introducción a este cambio tan marcado de nuestro paradigma.

Al regresar al hotel, mi hijo se percató de que la persona que nos saludaba hablaba en francés. El empleado, Pedro, nos indicó que aprendió francés en la Alianza Francesa, y que además de español e inglés, se defendía en alemán.

Así las grandes contradicciones que experimentamos en nuestro primer día en Santiago.