Ana acabó de llegar a la gasolinera. La fila era interminable. Decidió ir a otra estación, pero a esta se le había acabado la gasolina.
Desesperada, continuó su búsqueda para el preciado líquido y encontró otra. Para su sorpresa, no había fila alguna. Cuando se acercó, se percató del letrero que señalaba que se les había acabado el combustible.
Así las cosas, tuvo que conformarse con el escaso líquido que quedaba en su carro.
“Pedro, vete de inmediato al supermercado. Hay que comprar agua y latas de comida. Ahhh, y no olvides las velas y los fósforos pues en el último huracán teníamos velas ‘para hacer sopa’, pero por no tener fósforos, pasamos días en la oscuridad”.
Como todos sabemos, la tormenta o huracán Ernesto pasaría muy cerca de nuestras costas. En los momentos en que se escribió esta columna, no sabíamos si Ernesto se convertiría (como todos esperamos) en Ernestito.
Muchas urbanizaciones y agencias de gobierno corren a limpiar las alcantarillas por temor a las posibles inundaciones. Sin embargo, las alcantarillas deben estar libres de escombros… siempre.
Otros corren a todo galope a llenar de combustible sus autos o los tanques de sus generadores. Sin embargo, en ambos casos, los niveles deben verificarse siempre.
Vivimos en una isla susceptible a huracanes. Si planificamos y diseñamos con esto en mente, reducimos nuestra histeria, y nos recuperamos con mayor prontitud.