Nuestro sueño americano

Da la impresión de que nuestro sueño americano está atado a los billoncitos que nos regala el tío Sam, o el pasaje (ya no tan económico) que nos lleva a Orlando. Aunque estas mudanzas tienden a ser un poco traumáticas, en comparación con las de otros emigrantes, son triviales.

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de entrevistar a un hijo de emigrantes de Belarus (Bielorrusia). Me contó que sus padres deseaban estudiar medicina. Sin embargo, Belarus tenía una cuota para los judíos. Por ende, se vieron obligados a estudiar solo las carreras que el gobierno les permitió.

Al emigrar de Belarus, tuvieron que dejar sus pasaportes en ese país, convirtiéndose en personas sin ciudadanía. Luego de muchos contratiempos, lograron emigrar a Estados Unidos. Años más tarde lograron ser empresarios exitosos.

Algo similar ocurre en Cuba. Mi prima, por ejemplo, deseaba ser psicóloga. Sin embargo, el gobierno cubano determinó que lo que necesitaba la economía eran ingenieros mecánicos. Así las cosas, no le quedó más remedio que estudiar esa carrera.

A veces no nos damos cuenta de que en nuestras manos está soñar y realizar nuestros sueños; oportunidades que no debemos desperdiciar. Si las buscamos, nos daremos cuenta de que no es necesario trasladarse a Orlando u otra ciudad para lograrlo. Se puede lograr aquí en nuestra islita.