Nuestros embajadores del norte

A pesar del frente frío que azotaba a Austin en las mañanas, esto no era impedimento para que muchos salieran a correr o caminar por los preciosos senderos que bordean el río Colorado. ¡Y qué mejor que un chocolate caliente o un café con leche para calentarse luego de esas corridas!

Así fue como nos topamos con un grupo de puertorriqueños que vivían en la ciudad. “¿Eres puertorriqueño?”, preguntó Pedro, añadiendo que era de Ponce. En menos de lo que “canta un gallo”, nos hicimos amigos.

Averigüé que luego de su estadía en Boston (sí, por MIT) estudió leyes y trabaja con inteligencia artificial para facilitarles el trabajo a los abogados.

Pero este no fue el único puertorriqueño que conocí en Austin. Otros graduados del Recinto de Mayagüez (aunque para ellos siempre será el Colegio) son ingenieros que trabajan en empresas locales. Natalia es ingeniera civil que se dedica al diseño, Fernando en la programación y en la tecnología, mientras que María es ingeniería mecánica.

Y esto es solo una pequeña muestra del talento puertorriqueño que reside en Austin; y ni hablar del que reside en Houston o en otras partes del estado.

Ante este panorama era obvio que no encontraron las oportunidades profesionales en nuestra islita y se fueron en busca de ellas a Estados Unidos.

¿Regresarán? Es muy poco probable. Por ende, dado los cambios que se avecinan, debemos preguntarnos cómo podemos retener nuestro talento.