El Servicio Nacional de Meteorología anunció que esta semana pasará una onda tropical y que otro “fenómeno” llamado Invest 92L podría desarrollarse en tormenta o huracán. Dado esta noticia, nos preguntamos si estamos preparados –tanto el sector privado como el gubernamental– para enfrentar tal fenómeno.
A partir de mediados de marzo, cuando comenzó el azote de la pandemia, nadie podría sospechar el impacto que tendría en todas las esferas de nuestras vidas, y, por cierto, en todo el planeta. La pandemia mostró lo débil que son muchas de nuestras instituciones, la economía, y por supuesto, nuestra salud.
Ahora, imagínense cómo podemos prepararnos cuando coincidan ambos eventos cataclísmicos, un huracán en medio del COVID-19.
En épocas antiguas, o sea, el año pasado, podríamos hacer filas interminables para comprar artículos de primera necesidad y otros que necesitaríamos para proteger nuestras propiedades. Sin embargo, en esta nueva realidad, en que las horas de transitar están restringidas, los comercios cuentan con poco inventario, y la necesidad del distanciamiento social disminuye la capacidad de responder adecuadamente y con prontitud ante un posible fenómeno, ¿cómo nos preparamos?
Está meridianamente claro que necesitamos más tiempo para prepararnos. Sin embargo, dado que estos fenómenos son parte de nuestras vidas, debemos diseñar nuestro entorno tomando en cuenta que, de un momento a otro, nos puede azotar un huracán.