¡Me quedo!

Mi sobrina, quien acabó de graduarse de la Universidad de Puerto Rico (UPR) con una maestría, aceptó un trabajo en Puerto Rico. Al comentarle que estaba pensando escribir la columna sobre la cantidad de jóvenes que están emigrando, se molestó. ¿Y qué de los que nos estamos quedando? ¿No deberían de escribir sobre cómo aportamos al país?

Añadió un comentario que muchos repiten y que para mi sobrina y los muchos otros jóvenes talentosos les parece ofensivo: el llamado “brain drain” de talento. “¿Y qué de nosotros?”, me comentaba. “¿No debería haber una expresión para los que nos quedamos?”.

Tal parece que con el afán de analizar y publicar las estadísticas de los profesionales que emigran, hemos dejado a un lado, o peor, ignorado, los jóvenes que ven un futuro en nuestra isla.

Un somero análisis de egresados de la UPR respalda el sentir de mi sobrina. La pregunta que nos deberíamos hacer —tanto el sector privado como el público— es: ¿qué estamos haciendo para retener este talento?

La contestación es sencilla, necesitan empleos (aunque algunos se irán por la vía empresarial).

Ya sea mediante empleos gratificantes y bien remunerados o mentoría a los empresarios incipientes, nos toca a nosotros —la generación que quebró al país— asegurar la permanencia y el futuro de estos jóvenes.