Vivimos tiempos incomparables. Las noticias financieras que en su momento se medían por trimestres ahora no solo reaccionan a las incomprensibles directrices de la Casa Blanca a diario, sino más bien cada hora.
Es como estar en medio de un tsunami sin saber cuándo va a soplar el viento ni a qué intensidad.
Estos vaivenes que experimentamos y que en el futuro inmediato van a dictar nuestras decisiones, retarán todo nuestro intelecto para poder sobrepasar esta tormenta.
El gobierno de Puerto Rico, por más que trate de paliar los desastres económicos que se avecinan, no nos salvará. La masacre que está haciendo con múltiples agencias federales que tienen un impacto en nuestra isla, como por ejemplo FEMA y el Departamento de Educación, nos dejarán un tanto más pobre de lo que somos.
Y, por si fuera poco, las compras que a diario hacemos, como comestibles y demás enseres del hogar, seguirán apretujando nuestro bolsillo.
Por el momento, nos despediremos de los viajecitos a Orlando, el “popcorn” en los cines, y los zapatos nos durarán más. Y ya veremos qué se inventan nuestros políticos, pues sin las dádivas del Tío Sam, ni la venta de bonitos del gobierno, tendrán que hacer lo mismo que nosotros: apretarse el bolsillo o pedirle una pequeña ayudita a Elon Musk.