Los días 25 y 26 de julio tienen significados muy distintos para los puertorriqueños y para los cubanos.
Para nosotros, el primer día es ocasión para ir a la playa y, para otros, una celebración sobre el estatus actual que goza la isla (un tema de ardua controversia).
El 26 de julio de 1953, Fidel Castro y sus seguidores atacaron el Fuerte Moncada en Santiago de Cuba.
El ataque fue un desastre y todos fueron capturados, heridos o muertos.
A Fidel se le enjuició, y durante ese juicio, pronunció su famoso discurso “La historia me absolverá”.
Gracias a la intervención de padres Jesuitas (Fidel estudió en la Escuela Jesuita Dolores en Santiago y luego, en Belén en La Habana, mientras su hermano Raúl se graduó de Dolores) no fue fusilado, sino que terminó encarcelado en Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud).
De allí, es ya conocido que fue liberado, vivió en México y regresó a Cuba en la Granma para comenzar su encuentro con el gobierno batistiano que culminó con el llamado Triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.
Mientras tanto, en Puerto Rico, ya terminados los violentos encuentros con el Partido Nacionalista, nos concentramos en el desarrollo social y económico enfocado en la manufactura.
Hoy, Puerto Rico goza de una economía mucho más vigorosa que la de nuestra isla gemela.