Desde la época de la gobernación de Rexford G. Tugwell, se venía discutiendo el tema de las exenciones contributivas para la manufactura. Para ese entonces se asociaba a la industria azucarera con la rampante pobreza del país, y se visualizaba que Puerto Rico podría desarrollarse en todos los aspectos sociales y
económicos con el motor de la manufactura.
Por los próximos 70 años, así ha sido. A pesar de contar con otros sectores muy importantes para el país como el comercio y la construcción, la manufactura ha sido fuente de empleo y riqueza para muchas generaciones de puertorriqueños.
No cabe duda de que, a través de tantas décadas, hemos visto cambios significativos en esta industria. Al principio de las décadas de los 1950 y 1960, la industria liviana como la aguja dominaba este sector. Aún hoy en día se pue- den observar antiguas edificaciones de Pridco que fueron diseñadas para estos propósitos.
Para la década de los 1960-1970 vimos el resurgir de la industria petroquímica, seguido por la farmacéutica y la de dispositivos médicos.
Todas estas industrias disfrutaron de exenciones contributivas, tanto a nivel local como el federal. De no ser así, muchas no se hubiesen establecido en la isla.
El desarrollo económico que hemos disfrutado a través de tantas décadas lo hubiesen obtenido algunos de nuestros muchos competidores.