A 103 grados Fahrenheit

Hace par de días, al entrar a mi caluroso automóvil, me percaté de que el termómetro marcaba 103 grados. Había estacionado el carro en un mar de concreto, sin que tan siquiera un pequeño arbolito para que su sombra nos rescatara de ese infame calor.

Los medios noticiosos le dieron mucha cobertura a la compra de aires acondicionados para las escuelas, en particular las del Siglo XXI. Tal parece que los diseñadores de estas escuelas no se percataron del calentamiento global que nos ofuscaría durante este siglo.

Un buen diseño arquitectónico hubiese incorporado como parte integral del trabajo un diseño paisajista. Así, de esta manera, se podría mitigar el calor, y la flora y fauna hubiese sido campo educativo para nuestros jóvenes estudiantes.

Era la mejor oportunidad para educar a la nueva generación sobre la importancia de proteger nuestro medio ambiente.

No cabe duda de que un buen diseño debe incorporar elementos como el maximizar todo recurso natural que provea un ambiente saludable y confortable. En este caso, ingredientes indispensables para sacarle mayor provecho al tiempo escolar.

Quizás, además de la compra del preciado aire acondicionado (y del costo, casi nunca presupuestado, de mantenerlo), deberíamos incorporar elementos de confort y belleza como un buen diseño del jardín y del entorno. Y, por supuesto, este no conlleva sufrir los altos costos energéticos como los que requiere operar los aires acondicionados.