Abren las compuertas

¡Por fin se abrieron los gimnasios, cines y comercios, entre otros establecimientos! Tal parece que todo ha terminado y que podemos volver a disfrutar de las actividades que disfrutábamos sin control. Esto sería un grave error.

Las estadísticas (confiables o no) muestran un ascenso en los contagios. Las muertes por este virus se siguen sumando, e impactan no solo a los que tenemos algunas décadas ya corridas, sino también a los más jóvenes. Tal parece que el virus no discrimina por edad, condición física, género o preferencia política.

Las máscaras, el lavado de manos y el distanciamiento social serán parte de nuestras vidas por el futuro inmediato. Sin embargo, son costo efectivas, y no comparan con la incomodidad, el sufrimiento y en unos casos la muerte que ocasiona este virus.

A largo plazo, muchas de estas normas están para quedarse. Mejorar nuestra higiene aumentando la frecuencia del lavado de manos y llevar a cabo mejores y más detalladas limpiezas de los centros en donde se aglomeran muchas personas son algunas de las medidas que nos ayudarán en el futuro a combatir este u otros posibles virus.

Mientras tanto, hay que recordar que esta nueva libertad tiene sus responsabilidades, tanto para nosotros como para los demás. Mantener las normas ya establecidas ayudará en gran manera a mitigar el contagio de esta terrible enfermedad.