“Adiós, Mami”

¿Quién no recuerda la dulce voz de su madre? ¿O sus consejos? ¿O cuando cocinaba nuestros platos favoritos?

Así es con mi mama, una mezcla exótica de un padre santiaguero y una madre con ascendencia irlandesa. Vivió en Santiago de Cuba y allí conoció mi papá. Sin embargo, no fue hasta que ella trabajaba en la cuidad de Nueva York y mi papá fue a estudiar el grado de Maestro Cervecero allí que comenzaron a conocerse mejor.

Al comenzar la Revolución Cubana se marchó a Miami junto con mi papá y sus tres hijos. Dadas las circunstancias de la revolución cubana, tuvo que dejar atrás sus ilusiones de permanecer en Cuba, su familia y sus recuerdos.

Puerto Rico nos acogió a todos. Mi papá continúo trabajando como ingeniero en Bacardí mientras mi mamá se
hacía cargo de la casa y de sus cinco hijos. Eran tiempos restantes para ella, pero los acogió con el mismo cariño y amor que la caracterizaba.

Trabajó de voluntaria en muchas organizaciones sin fines de lucro, entre ellas el Club Rotario y el Instituto Psicopedagógico. Ambas organizaciones le reconocieron sus aportaciones y compañerismo

Es difícil despedirse de un persona que dio tanto amor y que, de manera anónima, trabajó con tanto esmero para su familia, para diversas entidades benéficas y para sus múltiples amistades. Es más difícil aun cuando esta persona es tu mamá. Adiós, Mami.