Durante mi estadía en Santiago de Cuba, me indicaron que Cuba estaba pasando por un “periodo especial”; un eufemismo para indicar que no todo está “como coco” (como diríamos en nuestra isla). De hecho, nada estaba “como coco”. Las noticias más recientes sobre lo ocurrido —el aumento del 500% del petróleo y el pedido de ayuda alimenticia a las Naciones Unidas— son muestra del estado de la economía.
Una de las historiadoras que nos dio un excepcional recorrido por la ciudad nos indicó que el monto de su retiro eran 3,200 pesos mensuales. Esto nos podría indicar que todo está “como coco” hasta que la invitamos a almorzar y la cuenta fue de 7,200 pesos. Una matemática elemental indica que la cuenta del restaurante era más de dos meses el monto de su retiro mensual. Sin embargo, para nosotros fue una cantidad insignificante, pues el cambio extraoficial es de 300 pesos cubanos por dólar.
Durante el “periodo especial”, la electricidad se raciona. Claro, los hoteles están exentos de ese racionamiento; no así el resto del pueblo. Por ende, uno puede tener electricidad por la mañana y al otro día por la noche. La comida escasea. No vayas a soñar con un plato de arroz con frijoles negros, pues solo lo encontrarás en tu sueño.
Sin embargo, la ciudad es preciosa y las personas son amables y serviciales. A pesar de estas vicisitudes, volvería.