En los últimos días Puerto Rico ha estado sometido a una vaguada que ha mostrado lo débil que es nuestra infraestructura, en particular nuestras carreteras. Aunque las vías más afectadas se encuentran en Dorado, Humacao y Naranjito, casi todos los pueblos de la isla sufrieron de esta catástrofe. Se afectó la carretera PR-2 por Vega Baja, la PR-31 en Naguabo, la PR-167 en Comerío y la PR-19 en Guaynabo, entre muchas otras.
Uno pensaría que después los daños ocasionados por el huracán María en septiembre de 2017, y los billones en fondos federales que se han invertido (¡y los que faltan!), eventos como estos serían cosa del pasado. Pero, como lo ha mostrado nuestra sabia naturaleza, no lo son.
Entonces, nos preguntamos, ¿qué ha pasado con el plan de reconstrucción de nuestra infraestructura? Según informan los medios noticiosos, a la vuelta de la esquina vienen
otros tantos billones. ¿Se utilizarán para eliminar una vez y por todas las inundaciones que sufren tantas comunidades cada vez que tenemos eventos similares a este?
La verdad es que existe una crasa falta de comunicación entre las agencias que controlan los gastos de los fondos federales y las comunidades con necesidades apremiantes.
Debemos aprovechar esta oportunidad para no solo mejorar nuestra infraestructura, sino también para mejor de manera marcada la comunicación y el dialogo. Así podemos evitar que huracanes como María nos coja desprevenidos.