“Increíble”, suspiraba Maggie, “acabo de llenar el tanque del carro y la gasolina me costó más de $60. ¿Cómo es posible? Hace un par de meses me costaba $40.”
La guerra de Rusia contra Ucrania, entre otros factores, ha incrementado de manera subida el precio del barril de petróleo. Este aumento de una manera u otra nos trastornará nuestro bolsillo; esto sin los aumentos tributarios con los cuales se entretiene nuestra Legislatura.
Lamentablemente, Puerto Rico depende de la transportación marítima para sobrevivir. Nuestra alimentación y gran parte de la materia prima de la manufactura y del comercio dependen de este medio de trasporte. Por otro lado, ese aumento impacta de manera directa los costos de electricidad, que, aunque escondidos en las facturas, se pasan al consumidor.
Así las cosas, no solo veremos nuestro bolsillo achicarse cada vez que nos asomamos a una estación de gasolina, lo veremos también cuando vayamos a los colmados a comparar nuestro acostumbrado arroz, habichuelas, gandinga y demás comestibles.
Pero eso no se acaba allí. Toda importación, como muebles, enseres, ropa y otros bienes, también se verán impactados (al menos por ahora) por estos aumentos.
Aunque a corto plazo nuestras opciones son limitadas, retos como estos nos deberían motivar a buscar soluciones a mediano y largo plazo para reducir nuestra dependencia de tantas importaciones.