Los medios noticiosos nos bombardean a diario con la saga de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). ¿Tomarán el control los federales? ¿Se pagarán los preciados bonos, particularmente a los Bonistas del Patio? ¿A qué se debió las aceleradas entradas y salidas de tantos directores ejecutivos? Sin embargo, para muchos de nosotros, lo que más nos impacta y en donde nos interesa tener una resolución es en el abominable costo eléctrico al cual todos abonamos. Si, me refiero al “facturón” que recibimos todos los meses, y que, si no pagamos, retornaríamos al siglo XIX, de pendiendo de velas, fósforos y carbón para cocinar. Pero, vamos a ver una de estas facturas para entender esto en “arroz y habichuelas”. Un hogar que consuma 2,800 kWh tiene una tarifa básica de $140.52 y una tarifa provisional de $36.83 para un total de $177.35. Ah, pero aquí viene lo del “facturón”. Nuestra apreciada AEE nos factura $292.82 por algo que denomina “ajuste de combustible” (y que nadie entiende cómo lo calculan) y otros $137.64 por “compra de energía” (lo cual tampoco sabemos cómo se calcula). Así las cosas, de un total de $607.61, solo $177.35 o el 29% está relacionado al consumo. El remanente de la factura, lo cual equivale al 71%, aparece como por arte de magia. ¡Esto tiene que cambiar! El exorbitante costo eléctrico está inhibiendo nuestras oportunidades para un mejor Puerto Rico.