El 21 de septiembre la comisionada residente en Washington Jenniffer González presentó su programa para promover el desarrollo económico de Puerto Rico. Tres de las cinco propuestas que promueve están directamente relacionadas a la manufactura.
Desde finales de la década de 1950, la manufactura ha sido el motor económico de Puerto Rico. Comenzando con la industria liviana y la de textiles, Puerto Rico desarrolló una infraestructura física y de capital humano capaz de competir con muchos países de mayores recursos.
Aunque controversiales, los incentivos federales delineados bajo la Sección 936 del Código de Rentas Internas Federal fueron instrumentales en convertir a la isla en un centro manufacturero de medicamentos y dispositivos médicos, entre otros.
Las propuestas presentadas promueven la expansión de la industria farmacéutica, la creación de un centro para mercadear a Puerto Rico y una Junta Manufacturera que reúna a la Universidad de Puerto Rico (UPR), el gobierno y las empresas manufactureras.
Muchas de estas propuestas se han presentado previamente, pero sin los resultados esperados. En su momento, el gobierno invirtió $300 millones para un programa similar al de la Junta Manufacturera, en donde además de las instituciones ya mencionadas, se incluía a Georgia Tech. Si algo aprendimos de esta iniciativa es que necesitamos aprender de experiencias previas para identificar qué alianzas podemos estructurar para viabilizar que ideas como esta y otras prosperen.