En los pasillos de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) y la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) hace rato que se murmura que, comenzando el año entrante y por la próxima década, estas dos corporaciones públicas recibirán suficientes fondos federales para reconstruir nuestra infraestructura. Así, si se invierten de manera adecuada, tendremos la infraestructura a la cual todos aspiramos, y que es indispensable para nuestro desarrollo económico y social.
¿Qué podrían significar estas inversiones para nuestra islita? Habrá que reclutar a un sinnúmero de técnicos y de ingenieros para estas obras, creando empleos bien remunerados.
Por otro lado, nos provee una poderosa herramienta de mercadeo para atraer inversión incluyendo las fábricas que manufacturan fármacos y dispositivos médicos. La crisis de la pandemia ha expuesto la vulnerabilidad del sector de salud en cuanto a la cantidad de fármacos que se manufacturan fuera de Estados Unidos, y que podría provocar una catástrofe para el país.
Además, una infraestructura diseñada para contrarrestar los temporales, huracanes y terremotos que azotan a Puerto Rico es vital para el bienestar de la ciudadanía. Nos podríamos despedir de estar meses sin el servicio de energía, tal y como pasó luego del huracán María. Tampoco habrá necesidad de gastar nuestros preciados pesitos comprando generadores que nos aturdiesen y limitan el poder conversar sin tener que agotar nuestras guardas vocales.