El uso de los dineros públicos

Sí, se trata de cómo vamos a gastar (o a invertir) los miles de millones de dólares que estamos en espera de que al presidente Donald Trump se le quite el arrebato de la muralla y nos los envíe. Y en medio de esta pugna (o dilema) nos encontramos con la renuncia del coordinador de la Revitalización de la Junta de Control Fiscal, el coronel retirado Noel Zamot, justo cuando se reunía aquí el Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes. ¡Buen momento para renunciar!

Sin embargo, nos debemos preguntar quién era Zamot y qué nos debe preocupar sobre su inesperada renuncia.

Conocí a Zamot justo cuando llegaba a Puerto Rico en una reunión de los egresados de Georgia Tech (aunque Zamot se graduó de MIT), a la que también asistió el gobernador. Allí tuve la oportunidad de conversar ampliamente con Zamot. Me impresionó, no solo su trasfondo profesional, sino también su conocimiento sobre los retos que enfrentaba (y enfrenta) la isla. Al conversar sobre sus días como piloto me indicó que había piloteado todos los aviones que en ese momento poseía la Fuerza Aérea. ¡Se había destacado como militar, no solo por sus destrezas, sino también por su integridad! Luego se dedicó a la consultoría.

Al integrase a su nuevo trabajo con la Junta, ya había estudiado los retos que enfrentaba el país, tiene mucho que explicar y las posibles alternativas hacia el desarrollo, en particular los que enfrentaba Puerto Rico debido a la ausencia de un sistema eléctrico confiable y competitivo relativo a otras jurisdicciones.

Ya hemos sido testigos del derroche del dinero que viene de Washington. Solo hay que notar que, a pesar de estas ayudas, nos hemos encargado (o, mejor dicho, el sector público se ha encargado) de quebrar el país.

Solo hay que preguntarse qué pasó con los miles de millones de fondos ARRA (American Recovery and Reinvestment Act) que se recibieron para la recuperación luego de la Gran Recesión de 2007-2008. ¿Revitalizaron la economía? ¡No! Se usaron para otras cosas, entre las que se encontraba la de pagar los gastos ordinarios del gobierno. Así las cosas, los miles de millones se esfumaron sin haber hecho mella en la Gran Recesión.

Hoy día el gobierno espera poder contar con $10 mil millones anuales por un periodo de diez años. Dado las incertidumbres en la capital federal, no sabemos ni cuánto ni cuándo llegarán los preciados dólares.

Sin embargo, si los congresistas perciben que las preocupaciones de Zamot son legítimas, quizás se desvanezcan muchos de estos dineros. De todos modos, aunque lleguen, nos deberíamos asegurar de que se utilicen para el bien del país y no para enriquecer el bolsillo de algunos pocos.