El vellonazo

A pesar de los billones en ingresos que le entran al gobierno y otros tantos con que cuentan las corporaciones públicas, ni uno ni otro están pagando sus deudas. Por tal razón el gobierno y la Junta de Control Fiscal discuten de dónde saldrá el preciado vellón para comenzar a pagarlas. En pocas palabras, el vellón saldrá de nuestros bolsillos.

  Veamos. ¿Se está pagando lo adeudado de los bonos del gobierno y de las corporaciones públicas? ¡No! ¿Se está pagando con prontitud a los suplidores? ¿Se está respaldando a la UPR? ¿Se le hará justicia a los miles de jubilados que cuentan con sus retiros?

  La pregunta que todos nos hacemos no es a qué bolsillo tocará esta crisis. Sino, ¿cuántos vellones nos sacarán del bolsillo? Como si fuera poco, la merma de la población reduce la cantidad de “bolsillos con vellones”.

  Existe una luz de esperanza. El sector privado, particularmente los industriales, ha enfrentado situaciones iguales o peores por las pasadas ocho décadas. Tenemos en nuestra isla un caudal de conocimiento sobre esta materia, tanto en personas jubiladas como en los que trabajamos (sin hablar de los que emigraron). Ese talento podría ser indispensable en guiarnos en la dirección hacia el futuro que todos deseamos.

  Ahora bien, hay que darles espacio para coordinar e implementar las recomendaciones sin las habituales consideraciones políticas.