La Oficina de Propiedad Intelectual y Transferencia de Tecnología de la UPR anunció en estos días que esta institución ha desarrollado 26 nuevas patentes, la mayoría atribuidas al Recinto de Ciencias Médicas y al Recinto de Mayagüez. Estos esfuerzos se dieron en conjunto con el Fideicomiso de Ciencia, Tecnología e Investigación y el sector privado.
Muchas (si no todas) de estas patentes tienen potencial económico. Para lograr este cometido es indispensable continuar buscando alianzas estratégicas. Estas deberían proveer no solo el capital para comercializar el producto o servicio destacado en la patente, sino también el conocimiento del mercado para lograr maximizar las posibilidades de éxito de esta nueva iniciativa.
Universidades como la prestigiosa MIT llevan décadas promoviendo iniciativas como estas. Desarrollaron un modelo, ya estándar en la industria, en donde se dividen los ingresos de estas patentes en partes iguales: una tercera parte para la institución, otra tercera para los inversionistas y la remanente para los investigadores.
Este programa ha sido instrumental en fortalecer las finanzas de muchas universidades públicas y privadas, cosa que la UPR puede imitar.
En el caso de Georgia Tech, este esfuerzo contribuye a casi una tercera parte de los ingresos de esta institución, que hoy por hoy son sobre un billón de dólares. Es vital que estas iniciativas se sigan desarrollando.