Héroes anónimos, II

Se podría decir que la crisis que enfrentamos tiene dos caras. En una vemos la terrible realidad que nos rodea: la falta de necesidades básicas y el desconocimiento sobre cuándo se resolverá esta crisis. Por otro, vemos cómo vecinos, amigos y familiares han dado lo mejor de sí.

  Muchos recordaremos las imágenes escalofriantes de Levittown cuando, días después del huracán, se inundaron un centenar de casas, no solo de agua pluvial, sino también de aguas negras. Esta situación causó dos grandes retos para las personas intentando dar auxilio: la posibilidad de ahogarse y la de contaminarse con las aguas infecciosas.

  Quizás pocas conocían de un joven de Toa Alta de 17 años que jugaba con sus amigos y estudiaba en la escuela superior. Javier Jesús era un adolescente como muchos otros. Sin embargo, tenía un tesón especial.

  Al ver que varias familias de Levittown corrían peligro de ahogarse, nadó a estos hogares y uno a uno los fue rescatando. Nadie le pidió que auxiliara a estas familias. Javier Jesús vio una necesidad y pensaba que su deber era socorrerlos. Salvó a más de un centenar de personas.

  Javier Jesús pagó con su vida este rescate. Las aguas sucias le produjeron una infección. Bajo circunstancias normales, no hubiera muerto.

  ¡No podemos olvidar a héroes como Javier Jesús!