La semana pasada Luma dejó a la isla entera sin el servicio eléctrico por 48 horas y en muchos casos, por mucho más tiempo. Algunos economistas han calculado el costo de este apagón en alrededor de $600 millones, o $13 millones por cada hora que la isla se encontraba sin este preciado servicio. Sin embargo, el costo en términos económico, sociales, psicológicos y de proyección hacia futuras inversiones es mucho -pero mucho- más que
$600 millones.
Veamos, por ejemplo, el caso de Maggie, a quien se le dañaron varios enseres eléctricos, que no solo son carísimos para reemplazar, sino que, dado la escasez de inventario en Puerto Rico, le tomará meses
en conseguir su remplazo.
Los generadores que tanto ruido hicieron durante el apagón, tendrán que ser abastecidos de gasolina, diésel o de gas, y como todos sabemos, todos son productos que están carísimos. Por otro lado, Carolina perdió los comestibles que estaban refrigerados ya que no contaba con un generador de emergencia.
Casos como estos y muchos más se fueron repitiendo durante las infames horas del
apagón. Sin embargo, no debemos olvidar que además de quedarnos sin electricidad, tampoco había internet, afectando, de una manera u otra, así a casi todas las empresas del país, además de quienes
trabajan de forma remota.
¿Y quién pagará por estas pérdidas? Nosotros, pues Luma “ya se lavó las manos” y
afirmó que “no somos responsables”, según nos dijeron. Entonces, nos preguntamos, ¿quién es el responsable?