Llegué a la biblioteca de la ciudad de Nueva York para terminar una investigación histórica para el libro que someteré a la universidad de LSU. Al no ser residente del estado, me consiguieron un pase provisional por tres meses y me asistieron en la utilización de su sistema electrónico de búsqueda de datos.
El sistema provee páginas de búsqueda que solo se encuentran en instituciones educativas con bolsillos muy profundos. Encontré periódicos de Cuba del siglo 19. De haberme quedado más tiempo, hubiese encontrado todo tipo de artículo, tesis doctorales, periódicos y demás fuentes de gran valor para un investigador.
La semana previa estuve en la Biblioteca Lázaro del Recinto de Río Piedras. Le tengo un cariño especial, pues allí pasé largas horas durante mis estudios doctorales.
Cuando fui a sacar un libro, me indicaron que ya no daban ese servicio. Aun como investigador, exalumno y residente de Puerto Rico (bueno, en realidad de Guaynabo City) no dan acceso a las páginas de búsqueda de datos. Cuando por fin tuve acceso a una, las limitaciones eran tales que no fue de utilidad alguna.
No pretendo que el presupuesto de la UPR (financiado en un 83% por fondos estatales y federales) se le acerque al de la Biblioteca de Nueva York. Sin embargo, con el billoncito que proviene del tío Sam, sería ideal que la emularan.