Años atrás, la feria de artesanía de Bacardi no era solo un evento trascendental, también significaba el comienzo de las festividades de Navidad.
Llegar a las instalaciones de la empresa requería una condición física de atleta, pues había que estacionarse y caminar hasta tres o cuatro millas sin tan siquiera encontrarse con un arbolito que diera sombra.
Al llegar se podía observar gran cantidad de artesanos de muchos pueblos de la isla. Algunos tallaban los Tres Reyes Magos, otros tenían todo tipo de piques locales. Había quienes mostraban los postres navideños. En mi caso, siempre iba a los que cocían una muñeca de trapo, que se las obsequiaba a mi entonces pequeña hijita Carolina (las cuales todavía conserva).
Para muchos artesanos e instituciones sin fines de lucro como el Instituto Psicopedagógico, la feria de Bacardi representaba una gran aportación a sus finanzas.
La feria del domingo pasado fue “un tal tímida” con relación a la del pasado. Los pocos artesanos estaban ubicados dentro del merendero. Uno podía dar la vueltecita para verlos en un par de minutos. Sin embargo, felicitamos a Bacardi por este esfuerzo, aunque con la esperanza de que se motiven a regresar a lo que en su momento fue la gran feria de artesanía.
Así las cosas, lo único que no ha cambiado es la espectacular vista que se observa desde sus instalaciones.