Uno podría pensar que los problemas financieros y de otra índole que la UPR enfrenta nos sorprendieron repentinamente, pero este no es el caso.
La firma de contabilidad EY le dedica un sinnúmero de páginas en el Estado Financiero del 2019 indicando que la viabilidad de la UPR peligraba. Entre los riesgos señalaba la dependencia de los ingresos del gobierno (quebrado) de nuestra islita y los del gobierno (endeudado) federal. Señalaba, además, que los bonos Afica que usó la universidad para lo que suponemos fueron obras de construcción estaban en “default”.
La matrícula estudiantil continúa en picada. Para el año escolar 2009-2010, la UPR contaba con 52,791 estudiantes, para el 2014-2015, 47,314, y para el 2013, 41,631.
En el año fiscal 2017, la UPR terminó con una minúscula ganancia, o sea, los ingresos superaron las deudas. De allí en adelante se “acabó lo que se daba” y las deudas (impagables) de la UPR fueron de mal en peor. La deuda del año fiscal 2019 fue de solo $69,024. Aumentó a $509 millones para el 2023 y $413 millones para el 2024.
¿Qué pasará con el futuro de la UPR? Si continúa como va, en poco tiempo podría desaparecer.
¡Esto no se puede permitir!
Es hora de que tanto nuestros venerados políticos como el sector privado atajen este posible porvenir.
No cabe duda de que la UPR fue y debe continuar siendo parte integral de nuestro país.