La construcción del lago o reserva de Guajataca, que terminó en 1928, tuvo varios propósitos. Generaba electricidad hidroeléctrica (aunque hace décadas esos equipos se desmantelaron). Suplía agua para el riego del sector agrícola de Isabela. Además, suplía agua potable a unos 30,000 habitantes de los pueblos limítrofes.
María causó daños incalculables a esta operación. Se desplomó un puente cercano y se tapó con peñones gigantescos la tubería por donde podría salir el agua que sobrepasaba la capacidad de almacenamiento de la cuenca. Solo con la ayuda del Cuerpo de Ingenieros y la dedicación de un grupo de ingenieros de la AEE, un desastre mayor fue evitado.
Por suerte o diseño, durante el casi siglo en que opera esta reserva, las áreas circunvalares no han sido erosionadas. Por ende, la capacidad de la cuenca es casi la misma hoy de la que fue en el 1928. Esta situación dista de muchas de las otras cuencas en Puerto Rico en donde la erosión ha reducido su capacidad; en algunos casos por más de la mitad.
¿Qué podemos aprender de lo ocurrido en Guajataca? Primero, que el mantenimiento es una pieza esencial para el buen funcionamiento de nuestra infraestructura. Segundo, que la vegetación es indispensable para mantener la capacidad de diseño de las cuencas.
¿No es hora de tomar medidas que reduzcan o eliminen el racionamiento?