No hay peor ciego…

En las pasadas semanas, El Nuevo Día publicó el notición de la quiebra del Hospital San Pablo y la precaria salud financiera de los hospitales en Puerto Rico. Para cualquier inversionista que esté considerando mudarse a Puerto Rico, esto es escalofriante.

Mientras tanto, muchos profesionales han señalado que la escasez de trabajadores tiene un impacto detrimental en sus empresas, en particular en la industria de la construcción.

Para contrarrestar este déficit, se están evaluando opciones para atraer puertorriqueños que han emigrado a Estados Unidos. Entre estas alternativas se encuentran la de reducir las tasas de contribución sobre ingreso, ayudas económicas para la compra de una vivienda y la reducción en las tasas sobre las ganancias de capital.

Esta iniciativa es encomiable y quizás la que promete más posibilidades de éxito. Sin embargo, deja al descubierto el tema de la calidad de vida.

Dado la criminalidad rampante, muchos de nuestros ciudadanos optan por vivir en comunidades cerradas. Y, por supuesto, no faltan en nuestros hogares el pequeño generador o las placas solares para defendernos cuando el sistema eléctrico nos deja a la deriva.

Y esto nos lleva al comentario del gobernador Pedro Pierluisi de que “no hay colapso de la salud en la isla”. Mientras cerremos los ojos a la realidad en que vivimos, no solucionaremos los retos que enfrentamos.