Este es el año (y la temporada) en que tanto los políticos locales como los de Estados Unidos aglutinan un sinnúmero de promesas (muchas utópicas) con el fin de ser electos y reelectos a las posiciones aspiradas. Dado a que Estados Unidos puede “imprimir dinero”, muchas de estas promesas (aunque nos parezcan descabelladas) se hacen realidad. Veamos, por ejemplo, la gran muralla que se está construyendo entre la frontera de Estados Unidos y México.
El caso de Puerto Rico es un tanto distinto. Aquí no solo no podemos “imprimir dinero”, sino que el gobierno está quebrado. Por ende, deberíamos estar escépticos (o por lo menos un poco) de cualquier promesa que manifiestan los políticos aquí.
En caso de una industria o negocio del sector privado no pueda cumplir con sus responsabilidades fiscales, una de las estrategias primordiales es escrudiñar por donde se están desvaneciendo “los chavitos” para dejar de gastarlos. ¿Vemos tal concepto aplicado al sector público? ¿Hemos visto a nuestros políticos señalar cómo van a reducir la enormidad de los gastos gubernamentales?
Tal parece que no se han percatado de que muchos en esta isla viven con un presupuesto apretado, y les “incomoda” ver como gran parte de los ingresos del país son desviados a gastos superfluos.
¿Será posible que nuestros políticos sean más sensibles con nuestras finanzas? Hasta ahora, no han mostrado esta sensibilidad.