Para muchos (en particular los ponceños), su ciudad la conocen como la “Ciudad Señorial”. No cabe duda de que, en el siglo XIX, lo era.
Solo hay que apreciar la arquitectura del centro del pueblo, las edificaciones de los bancos como el Banco de Crédito y Ahorro Ponceño y el Banco de Ponce para apreciar el poder adquisitivo que allí se encontraba.
Nos dimos a la tarea de dar un paseo por el municipio, que nos llevó a caminar por el centro del pueblo y apreciar lo que, en su día, era una ciudad de esplendor.
Algo de eso queda, pues muchos restaurantes no tienen nada que envidiarle a los de San Juan o aun de Estados Unidos.
Por otro lado, el deterioro económico era palpable. Muchos de los comercios estaban cerrados, algunos edificios en localizaciones privilegiadas estaban a la venta y otros abandonados y en muy pobres condiciones.
¿Qué le pasó no solo a Ponce, sino a un sinnúmero de otras municipalidades de nuestra isla? ¿Será que casi toda la actividad económica se concentra en el área metropolitana y, por supuesto, en Dorado?
¡Tal parece que ese es el caso! La pregunta que nos hacemos es: ¿cuál es la causa de esta debacle?
De acuerdo con varios ponceños que entrevistamos, la causante es la falta de liderazgo político, no la ausencia de capital.
Quizás las nuevas administraciones deban acoger esta “orejita” y aguzarse (para no quedarse sin empleo en cuatro años).