Hace unos días, cuando me preparaba para escribir esta columna, se fue el servicio de internet. Bueno, pensaba yo, espero un rato y regresará.
Pero “en menos de lo que canta un gallo” se fue la electricidad. Al día siguiente, cuando ya habían regresado tanto la electricidad como el internet, me quedé sin agua.
Así las cosas, uno pensaría que ya es hora de tomar ese avioncito que tantas vueltas da entre San Juan y Orlando para unas largas vacaciones.
Sin embargo, hay muchas razones por las cuales muchos nos quedamos en esta preciosa isla a pesar de las vicisitudes por las cuales a diario pasamos.
Al doctor José Lee Borges, historiador, investigador y autor de múltiples libros, entre ellos: “Los chinos en Puerto Rico”, le encanta dar clases en la UPR, y nos cuenta que “no lo cambiaría por nada”.
César, egresado de la UPR, decidió embarcarse en otra carrera al ser inspirado por un profesor de geografía. Se inscribió en una universidad aeronáutica en Florida y terminó como capitán de un 737.
Qué orgullo montarnos en un avión para la Florida (entre los muchos destinos que vuela) y saber que el piloto es uno de nosotros.
Al preguntarle a César si consideraría mudarse a la Florida en donde está su base de operaciones me contestó con un rotundo no.
“Puerto Rico es mi hogar”, señaló.
¡Enhorabuena José Lee y César!