En momentos en que el tema de esta última reforma contributiva- la historia nos aclara que no es la primera debemos preguntarnos no solo cómo impactará a nuestros bolsillos, sino también cómo impactará los servicios gubernamentales como la salud, la seguridad y la educación, entre otros. También deberíamos estar seguros de que no nos cohíba (nuevamente) de cumplir con nuestras obligaciones con nuestros acreedores.
Las columnas de Paul Krugman del New York Times ofrecen una perspectiva sobre cómo impactaron las políticas estadounidenses sobre el tema que nos atañe. Krugman cita al economista y ganador del Premio Nobel en Economía Peter Diamond, quien argumenta que las tasas contributivas no deberían reducirse en todos los niveles señalados ya que el impacto de una reducción en los niveles más bajos resulta más beneficioso para el país. Con relación a las corporaciones, la reducción en sus tasas no resultó en inversiones adicionales en EE.UU. Por el contrario, las compañías aumentaron los dividendos a sus accionistas y transfirieron activos en sus libros a sus compañías matrices en EE.UU. ¿No nos recuerda esto un poco a lo que pasó con los fondos e inversiones 936 que desaparecieron en PR y no llegaron al fisco federal?
Así las cosas, ¿qué resultado tendremos de nuestra reforma? Sin lugar a duda, no puede dejar al gobierno más pobre, y que incumpla con sus obligaciones a sus constituyentes y a sus acreedores.