La Semana Santa que acaba de pasar tiende a ponerle un freno a mucha de la actividad económica del país. Para muchos es tiempo para despejarse, tomarse la semana e irse de vacaciones. Dado los retos por los cuales hemos pasado en los últimos dos años, este tiempo tiene un valor especial.
Las incertidumbres en Washington particularmente con las prometidas ayudas que apenas nos han llegado han detenido el impulso económico que hemos sentido luego del huracán María. Las ventas de cemento, ingrediente principal para la industria de la construcción, se han reducido dramáticamente. Por otro lado, los demás sectores económicos del país no han visto una recuperación que haya podido mitigar esta merma.
Así las cosas, seguimos en espera de esos billones. Sin embargo, eso no significa que debemos cruzarnos de brazos. Semanas como estas nos deberían inspirar a reflexionar sobre cómo podemos enfrentar y sobrepasar -sin ayuda externa- muchos de nuestros retos. Pensemos, por ejemplo, en la cantidad de médicos capaces y con talento excepcional que emigran del país.
¿Resolverán los billones esta encrucijada? No lo creo. Y qué de los dilemas de la UPR. ¿Resolverán los billones el desmantelamiento de esta única y vital institución? Tampoco lo resolverán. Nos toca a nosotros implantar soluciones rápidas y efectivas. Esperemos que esta semana nos ilumine para así hacerlo.