Don Eusebio recordaba el olor de la caña acabada de cortar, el ruido de las enormes máquinas del ingenio que la procesaban, y las humildes casas de los que trabajaban en esta industria.
Durante la primera mitad del siglo XX, el motor de la economía puertorriqueña estaba atado a las múltiples centrales azucareras que se fueron estableciendo en la isla.
Para la segunda mitad del siglo XX, debido a las leyes de exención contributiva, la manufactura reemplazó a la agricultura como la fuente más importante de ingresos del país. Hacia finales del siglo XX y lo que va del siglo XXI, se vio una deceleración en este sector, en particular, luego de la eliminación de la Sección 936 del Código de Rentas Internas. El empleo en este sector, por ejemplo, se redujo de 161,000 en 1996 a 70,800 en el 2020… casi a la mitad.
Lo que estamos viendo tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico es que la tecnología ha comenzado a suplantar las tierras o fábricas para a la creación de capital.
Algunos inversionistas se han aventajado de las nuevas leyes de incentivos contributivos al establecer compañías en Puerto Rico que emplean hasta 200 profesionales, muchos de los cuales trabajan desde sus casas. Así, se han visto muchas empresas tecnológicas millonarias empleando a profesionales bien remunerados, y contribuyendo al desarrollo económico y social del país