Doris y su familia llegaron a París a bordo de un Zeppelin en 1939, antes del estallido de la guerra. Ella recuerda lo hermoso que se veía el paisaje, ya que la aeronave viajaba a una velocidad lenta y a poca altura. Se hospedaron en un hotel frente a una chocolatería. ¡Qué mejor lugar para la pequeña Doris!
Ante la invasión alemana, los padres de Doris decidieron quedarse en París, a pesar de que un gran número de locales optaron por refugiarse en otras partes de Francia. Al no contar con dinero suficiente ni medio de transporte, sus opciones fueron limitadas.
Un día, Doris bajó a comprar un chocolate. “Traje conmigo a mi muñeca favorita. Me encontré con los soldados alemanes y uno me arrancó mi muñeca”. Aún, siete décadas después, Doris recuerda ese episodio con profunda tristeza y temor.
Su padre fue detenido y llevado a una fábrica de papel en las afueras de París. Durante mucho tiempo no tuvieron noticias sobre su paradero ni sabían si lo volverían a ver. Meses después regresó y, debido al peligro de ser detenido nuevamente, la familia se trasladó a Tence, un pequeño pueblo francés al suroeste de Lyon.
Allí, el padre de Doris le enseñaba inglés al jefe de la policía francesa, quien, en agradecimiento, le notificaba cuándo la policía —en colaboración con los alemanes— arrestaba a los judíos. De esta forma, pudieron sobrevivir a las constantes persecuciones a las que fueron sometidos.
En un escenario distinto, esa misma persecución se vive hoy en Ucrania, esta vez a manos de Rusia.